Tecnología wearable: ¿publicidad exagerada o una herramienta útil para la salud pública?

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Febrero 2016
Tecnología wearable: ¿publicidad exagerada o una herramienta útil para la salud pública?
Por
Lourdes de Pablo. Presidenta y CEO. Ogilvy CommonHealth España.

Para muchos españoles preocupados por la salud, el verano del 2015 no se ha caracterizado por una bicicleta, un bikini o una dieta de desintoxicación nuevos. Este año, el accesorio de fitness imprescindible se ha llevado en la muñeca.

Como siempre, Apple lanzó su reloj con estilo y sustancia, con la confianza de que su producto no solo se convertiría en el dispositivo de salud con el perfil más alto del mercado, sino que transformaría todo el sector. Y como ya sabemos: donde va Apple va la gente, lo que significa que los dispositivos wearable de alta tecnología se convertirán en algo cada vez más habitual: no solo los llevaremos en la muñeca, sino seguramente en cualquier parte del cuerpo en movimiento.

Pero, ¿se traducirá esto en beneficios reales para la salud? Nos guste o no, lo que este país precisa son beneficios reales para la salud. A pesar de que a menudo nos jactamos de las virtudes de nuestra dieta mediterránea, la realidad es otra: en España, 1 de cada 6 adultos es obeso, y más de 1 de cada 2 tiene sobrepeso. Y no solo eso, los estilos de vida poco saludables son el legado que estamos transmitiendo a la siguiente generación. Casi una cuarta parte de los niños españoles tienen sobrepeso, lo que sitúa a nuestro país entre los 10 países con mayor obesidad infantil1.

Sí, es cierto que la tecnología wearable cuenta nuestros pasos y realiza un seguimiento de nuestro gasto calórico, pero ¿podrá esto por sí solo curar nuestra crisis de salud pública? En la situación actual, no. En Ogilvy CommonHealth hemos llevado a cabo recientemente un estudio sobre algunos de los dispositivos wearable más populares en el mercado antes del lanzamiento de Apple. Si bien aplaudimos a muchos de ellos por el modo en que utilizan las técnicas de modificación de conducta (en lugar de tan solo arrojar datos de salud a ciegas), hemos observado que todavía queda mucho margen de mejora.

En primer lugar, muchos de los dispositivos y aplicaciones que hemos revisado tienden a tratar a la gente como robots, cuando de hecho somos criaturas sociales idiosincrásicas. Como individuos, respondemos de forma diferente ante distintas técnicas de modificación de conducta en diferentes momentos: el modo en que la tecnología wearable nos motiva para mejorar nuestra salud es muy personal. Mientras que algunos de nosotros nos motivamos con aparatos con avisos luminosos, gráficos atractivos y un flujo constante de datos positivos, otros necesitan que les animen o contar con el apoyo de un grupo con el que puedan relacionarse. Por este motivo, el desarrollo de una tecnología wearable nunca será una “receta” única que sirva para todos. Como expertos en comunicación en salud, tenemos que hacer de esto nuestro punto de partida. Debemos estudiar larga y detenidamente la tecnología y, luego, decidir cómo puede modelarse para adaptarla mejor a nuestras necesidades. Por el momento, parece que el diseño exterior es a veces más importante que el contenido, lo que significa que los dispositivos no cubren las verdaderas necesidades del usuario.

En segundo lugar, tenemos que considerar cómo podemos utilizar la tecnología inteligente. A medida que más plataformas agreguen información abierta sobre salud, habrá cantidades masivas de datos de usuarios reales disponibles para aquellos que se encargan de desarrollar productos. Podemos aprender de estos datos, y crear dispositivos que se adapten a nuestros comportamientos diarios específicos, por muy típicos o inusuales que sean. Estos sistemas dirigidos al interés personal pueden luego ocuparse de una sección transversal más amplia de la sociedad mediante estrategias cada vez más personalizadas. Lo que nos plantea otra cuestión: ¿para quién está diseñada la tecnología wearable actualmente? Para mejorar realmente la salud pública, debemos asegurarnos de que la tecnología llega a manos de aquellos que más la necesitan, como las personas menos informadas sobre salud, las más inactivas y aquellas que padecen enfermedades con impacto en su vida cotidiana, como la obesidad y la diabetes.

La tecnología wearable puede servir de apoyo a la salud pública a una escala que nunca antes habríamos podido imaginar. Pero para poder crear un futuro mejor y más saludable para todos, es imprescindible que el desarrollo esté impulsado por un deseo de modificar la conducta, más que por un deseo de acumular datos (en interés de los datos). Debemos poner a las personas, y no la tecnología, en el centro de todo lo que hacemos y de todas las decisiones que, como comerciantes de productos de salud, tomamos. En Ogilvy CommonHealth, trabajamos bajo la premisa de que la mejor forma de predecir el futuro es inventarlo, y este es el motivo por el que hacemos una llamada a todos aquellos que se sienten tan interesados y entusiasmados por los wearables como nosotros, para que nos busquen y podamos, de forma conjunta, dar forma a un futuro mejor. Tras la publicación del informe, a lo largo del 2015-16 vamos a reunir a expertos en la conducta, arquitectos de la elección, tecnólogos creativos y visualizadores de datos para debatir en mayor profundidad las cuestiones que surja.

Así pues, ¿desea unirse a nosotros en este viaje? Tenemos una oportunidad única en la vida para aprovechar las posibilidades de la tecnología wearable antes de que sea vista como un gancho publicitario. Debemos actuar ya. Nuestra salud en el futuro depende de ello.

 1 www.oecd.org/spain/Obesity-Update-2014-SPAIN.pdf


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