Recursos Humanos: creer para crear nuestro futuro

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Julio 2020
Recursos Humanos: creer para crear nuestro futuro
Por
Aurea Benito. Corporate HR Director. Isdin.

Desaprender, Aprender a Aprender y Valores como el Optimismo, la Humildad y la Gratitud, son aliados indispensables para dar respuesta a cuestiones que todavía no nos hemos planteado, con herramientas que aún no hemos creado, hacia un rumbo incierto, que nos permitirán crear nuestro futuro y prosperar en los futuros que no podemos prever.


La sociedad ha cambiado. Asistimos al fin de los trabajos para toda la vida, preferimos el talento conectado al talento contratado y sentimos la necesidad de participar en proyectos con fuerte compromiso social. En Recursos Humanos nos preguntamos cómo creamos valor en un mundo que ya no es ni previsible ni estable, marcado por la tecnología, dónde los planes estratégicos se llaman planes de acción y el crecimiento no es incremental sino exponencial.  Siempre he pensado que la mejor manera de predecir el futuro es crearlo, si bien esta crisis sanitaria nos enseña que el propósito de la función es prepararnos para prosperar en ese futuro y, sobretodo, en cualquiera de los futuros que no somos capaces de predecir.

En este marco de transformación, parece lógico empezar con un buen diagnóstico, crear una visión de llegada y diseñar un plan de acción. Sin embargo, la lógica está sobrevalorada y Einstein lo sabía bien: “La lógica te llevará desde la A hasta la B.

La imaginación te llevará a todas partes”. Así que pongamos a jugar nuestra imaginación si queremos avanzar de verdad y empecemos a cuestionar nuestras creencias, especialmente las que parecen más lógicas. Después de todo, el cambio es un asunto sobretodo emocional. Su mayor enemigo es el miedo, que siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son: “quizás pierda mi trabajo”, “será un fallo épico” “seguro que me la voy a pegar” o cualquier otra cosa por el estilo. No en vano hemos crecido escuchando: “Más vale malo conocido que bueno por conocer. Virgencita, virgencita que me quede como estoy. No hay que jugar con fuego” y así hasta el infinito, lo que resuelve el misterio de por qué tenemos tantas reuniones multitudinarias. Para repartir las culpas. Ha llegado la hora de los valientes y descubrir que la curiosidad no mató al gato, sino que le permitió averiguar que tiene siete vidas.  La curiosidad es el mejor antídoto contra el miedo y ensancha nuestro mundo en lugar de empequeñecerlo. Así que viajemos de la mano de la curiosidad y zambullámonos en una de las metáforas más asombrosas sobre el cambio: Erase una vez un jinete y su elefante. El jinete lleva las riendas y parece que manda aunque, si nos fijamos bien, nos damos cuenta que es una relación sumamente asimétrica. Si el elefante quiere tomar una dirección, no hay jinete capaz de impedirlo. El elefante como ya habrás adivinado, es nuestra parte emocional y es sumamente poderosa.

Ahí viven la pasión, la ilusión, la energía, el miedo, los instintos. El jinete es, evidentemente, nuestra parte racional, donde reside nuestra fuerza de voluntad, la perseverancia, la disciplina. Cuando procrastinamos, perdemos los nervios, nos bloqueamos o decimos algo de lo que luego nos arrepentimos, nuestro elefante ha tomado el control. Ahora bien, cuando razón y emoción van a una, no hay límites. Por lo tanto, ante un proceso de transformación, reflexiona antes sobre cómo motivar al elefante y conseguir que los cambios hagan ilusión. Sólo cuando tengamos la respuesta a esa pregunta, podremos centrarnos en guiar al jinete y resolver el triángulo Diagnóstico - Visión – Acción. Probablemente sustituyamos la planificación por la experimentación (try, fail, learn), las relaciones de jerarquía por la colaboración y el control por la confianza. Hoy las personas queremos algo más que un proyecto laboral y buscamos propósito, donde el Impacto Social y la Sostenibilidad adquieren una nueva dimensión. El denominador común de los diferentes planes de acción, pasa por explorar qué habilidades potenciar  para dar respuesta a desafíos que ni siquiera intuimos, con herramientas que están por inventar, hacia un destino desconocido aún, que nos permita diseñar nuestro futuro y progresar en los que ni siquiera podemos presentir.

Para ello, estas 3 habilidades serán nuestras mejores aliadas:

La primera habilidad es desaprender. En un mundo predecible y estable, aprendimos a hacer Job descriptions, detectar gaps y evaluar el desempeño y nos iba genial, porque teníamos el patrón del éxito. Sabíamos perfectamente cómo seleccionar a la persona perfecta para un puesto concreto. Es conocida la broma de los ladrillos en selección. Si el candidato los cuenta, a Contabilidad. Si los vuelve a contar, para Auditoría. Si negocia con ellos, claramente a Ventas. Si hace photoshop, es de MK. Si coloca los ladrillos de un modo raro, a Proyectos. Si los cambia de lugar, para Logística. Si arregla los ladrillos rotos, a Mantenimiento. Si empatiza con ellos, a Recursos Humanos y si no hace nada, entonces estamos seleccionando a un Manager. Bromas aparte, hoy el mundo es impredecible e incierto. Lo que nos servía antes, ya no funciona ahora, por ello debemos desaprender. El siglo XXI ya no va de puesto de trabajo, sino de job crafting. El 47% de los trabajos desaparecerán en los próximos 25 años según un estudio de Oxford University. Si quieres saber si tu trabajo desaparecerá y en cuánto tiempo, entra en Willrobotstakeovermyjob.com. Si tu trabajo se puede traducir en un algoritmo, ya tienes fecha de caducidad.

Por ello, el nuevo mindset de Recursos Humanos es dejar de pensar en puestos de trabajo y empezar a pensar en personas.

Cuando das la vuelta al paradigma, ves a la organización desde otro ángulo distinto, con todas las posibilidades que te da el talento de las personas, creando un nuevo ecosistema, donde trabajar tiene significado e impacto, donde el Talento es de verdad Talento, empezando por Recursos Humanos. Desaprender para derribar las paredes de mi mente, porque si no lo hago, de nada me sirve que tiren las paredes de mi despacho. Si no cambiamos nuestro mindset, no va a pasar nada.

En segundo lugar, necesitamos Aprender a Aprender. Rimbaud lo expresa mucho mejor: “¿Y si un trozo de madera descubre que es un violín?”. Aprendamos a mirar diferente. Dime qué ves y te diré cómo eres. A veces, estamos tan aferrados a nuestros puntos de vista que no podemos ver lo que tenemos delante. Preferimos tener razón a informarnos mejor y aunque nos guste aprender, nos disgusta que nos den lecciones. Para ver más y mejor, pongámonos las gafas de la colaboración.

Posiblemente colaborar sea muy parecido a unir los puntos con los que nos enseñaban a escribir cuando teníamos 5 años y de repente un día todo encajó, las letras formaron palabras, las palabras frases y las frases nos trajeron historias que nos permitieron ver mundos llenos de posibilidades. Hay un proverbio africano que dice: “Si quieres ir rápido, camina sólo, si quieres llegar lejos, ve acompañado”. En los próximos años, desaparecerán trabajos y aparecerán de nuevos. Otros evolucionarán y serán mejorados por la tecnología. Nuestra empleabilidad va a ir en función de lo que seamos capaces de desaprender y aprender. La supervivencia de las compañías también va a depender de ello. El aprendizaje ya no es algo puntual en una sociedad donde hay cosas que hoy ni sabemos que existen y serán clave mañana. Aprendamos a aprender, traspasemos los límites de lo convencional y preparémonos para un futuro dividido entre el arte y la ciencia del trabajo. La ciencia del trabajo será territorio de las máquinas, por las que seremos sustituidos o mejorados en ámbitos como data analytics o reconocimiento de patrones. El arte del trabajo es una dimensión puramente humana que exige emoción, innovación, ética. Aprender a ser mejores personas es el aprendizaje valioso de verdad para crecer en aquello que nos hace realmente únicos: empatía, creatividad y valores.

Por último, para desaprender y aprender a aprender, el optimismo responsable, la humildad y la gratitud son nuestros mejores aliados. El optimismo responsable es inteligencia, porque es una actitud vital que se traduce en cómo explicamos la realidad. Hay quien ve la botella medio llena y nos  contagia su entusiasmo y quien la ve medio vacía y se ahoga en un vaso de agua. La vida quizás no sea perfecta, así que para qué empeorarla convirtiendo algo anecdótico en una tragedia griega.

Riamos más, lo pasaremos mejor y nuestra contribución crecerá. Paradójicamente, la risa en el ámbito laboral tradicionalmente está mal vista. Hace 20 años se redactaban anuncios diciendo: “se busca persona seria y responsable”.

Estar con cara de palo, no te hace más eficaz, sólo más antipático. Cada queja que pronunciamos nos aleja de nuestro papel protagonista y nos acerca al de espectadores de nuestra propia vida. Asumir la responsabilidad hace más pequeño el problema y más grandes a las personas. Grandeza y humildad van de la mano porque nos  liberamos de lo superficial para dar paso a lo esencial. La humildad nutre la calidad de nuestras relaciones y de nuestra vida, impulsándonos a cuestionarnos más, escuchar más y dar las gracias en lugar de dar por sentado. Agradecer es dar, es compartir y nos conecta. La gratitud es un talismán que da sentido al ayer, trae paz al presente y crea una visión positiva para el futuro. Curiosamente solemos pedir disculpas ante situaciones que no lo ameritan cuando en realidad queremos dar las gracias. Pedimos perdón por hablar demasiado en lugar de agradecer el tiempo que nos han dedicado. Confundimos pedir disculpas con un signo de educación y no verbalizamos lo que en realidad queremos expresar. Así que porqué pedir disculpas cuando podemos dar las gracias ofreciendo el mejor regalo que podemos dar y recibir. Dime cuánta gratitud eres capaz de sentir y te diré cuán feliz eres.

Así que elijamos ser personas optimistas, humildes y agradecidas que se responsabilizan en crear un futuro mejor donde todos podamos prosperar, tanto si podemos preverlo como si no, convirtiéndonos así en el cambio que queremos ver.