Precisamente en este contexto marcado por un futuro incierto y un contexto económico que continúa siendo amenazante y adverso, me parece especialmente apropiado escribir sobre el liderazgo y la superación personal, como factores clave para sobreponerse a coyunturas como la actual. Es evidente que, en situaciones negativas, ambas características son necesarias para vencer las dificultades y alcanzar el éxito –o la supervivencia, en el caso que nos ocupa- empresarial y personal. De hecho, si puede sacarse alguna conclusión positiva de estos años de crisis es que, poco a poco, parece que se recuperan conceptos propios de otros tiempos como la cultura del esfuerzo, la industria productiva (vs. la especulativa) y la confianza en el ser humano.
Sin embargo, este retorno al mundo de los valores tradicionales sirve también para la proliferación de empresas y gurús diversos especializados en disciplinas como el coaching, el mentoring o el liderazgo emocional, que han encontrado en la actual crisis económica, política y social el mejor terreno para su exagerado desarrollo, en muchas ocasiones de forma irresponsable y abusiva. Por este motivo, desconfío de gurús iluminados portadores de la verdad absoluta sobre el crecimiento personal y, aunque creo en el retorno a los valores tradicionales que mencionaba antes, prefiero el mundo de la ciencia al de los falsos mitos recogidos en panfletos y blogs de autoayuda camuflada en moderno management del s.XXI.
Me gustan los cerdos valientes y emprendedores
Me refería antes a la cultura del esfuerzo como una de las pocas consecuencias positivas que han provocado estos años de penuria, económica y espiritual. Esta sería la cara de la moneda. El inmovilismo y el miedo al fracaso serían la cruz.
Y es por este motivo que se me ha ocurrido recuperar un excelente reportaje emitido en 2011 por National Geographic sobre tres animales que destacan por su gran inteligencia: las palomas, los perros y los cerdos. “Animales Ingeniosos” (Brilliant Animals en su título original - http://bit.ly/rUYDgc), es una serie de tres reportajes que analiza desde una perspectiva científica e innovadora los motivos que explican comportamientos altamente inteligentes por parte de los tres animales mencionados anteriormente. Pero el caso particular que nos ocupa es el de los cerdos, con los que National Geographic realizó un interesante experimento entre animales estresados (destetados de sus madres a las 2 semanas de vida) y lechones no estresados (no destetados prematuramente).
Después de realizar diferentes pruebas, los investigadores concluyeron que los cerdos destetados prematuramente eran agresivos y mucho más desconfiados que los que habían permanecido más tiempo junto a sus madres. Los niveles de confianza, inteligencia y curiosidad, por otra parte, también eran superiores en los cerdos no estresados, que demostraban mayor facilidad que sus hermanos por resolver situaciones desconocidas y estresantes.
Los científicos establecían por tanto una relación directa entre el crecimiento en un entorno hostil y la falta de confianza y el comportamiento agresivo de los individuos, mientras que los cerdos que se habían destetado más tarde contaban con un mayor nivel de autoconfianza, que repercutía positivamente en su capacidad de improvisación, investigación y resolución de conflictos.
En resumen, hablamos de ciencia aplicada al management. Si extrapolamos este experimento al mundo empresarial, podríamos concluir que la principal amenaza de futuro es el miedo al fracaso que atenaza la iniciativa personal de los individuos y que, en consecuencia, lastra la capacidad de innovación de cualquier organización. Y este factor es, precisamente, una de las claves de la supervivencia de las empresas. Si existe alguna área en la que el presupuesto de una compañía debería reforzarse o, al menos, debería mantenerse, es cualquiera cuyo objetivo final sea retener el talento y cuidar el equipo. Así se incentiva la confianza de los empleados para superar el miedo al fracaso y conseguir que éstos innoven en su trabajo diario, explorando nuevos caminos para desarrollar sus tareas y mejorando su productividad (y por extensión la de la propia empresa).
Así, el pensamiento válido actualmente para una gestión exitosa de las organizaciones es el del emprendedor, en contraposición al del ejecutivo clásico, modelo que servía para el siglo pasado pero no para el s.XXI. En un mundo incierto como el actual, se debe ser fuerte y autoconfiado para afrontar retos, aprendiendo a través del ensayo-error.
En un entorno con el pensamiento de management de tipo emprendedor, la innovación será el siguiente paso natural gracias al espíritu “explorador” y de auto superación de los empleados. La externacionalización en consultorías especializadas puede servir en situaciones puntuales y es aceptable para apoyar la iniciativa del equipo, pero no es una opción válida a largo plazo.
Las organizaciones necesitan contar internamente con personal motivado que innove, ya que los propios empleados suelen ser los que proponen los cambios que mayor valor añadido aportan, gracias al conocimiento del trabajo diario en sus empresas, como refleja un artículo de The Wall Street Journal publicado en 2010 (http://bit.ly/qypSrI).
Conclusiones:
1.- El pensamiento de gestión que mejor se adapta a la coyuntura del s.XXI es el del emprendedor. Es un modelo en el que la confianza en uno mismo es la clave, ya que permite la superación de las dificultades y la consecución del éxito.
2.- La innovación es el siguiente paso en la evolución natural de un entorno empresarial con estas características, que permite afrontar el cambio y la improvisación sin miedo al fracaso.
3.- Las organizaciones pueden incentivar la confianza del empleado a través de planes profesionales con objetivos concretos y medibles y la formación continuada.
4.- El ROI para la empresa será una mayor proactividad por parte del empleado y la creación de nuevos protocolos, métodos o servicios de los que se podrá beneficiar toda la organización.
La crisis, el mejor antídoto contra la mediocridad
Otra consecuencia positiva de la crisis –a este paso acabaremos por convencernos de que una crisis a tiempo siempre viene bien- es el efecto aniquilador que ejerce en la mediocridad. La teoría de la evolución de Darwin tendría en este sentido un ejemplo paradigmático, ya que comprobamos día a día que solo los mejores sobreviven, mientras que los peor preparados y con menor capacidad de adaptación al cambio van sucumbiendo poco a poco. Evidentemente, esto aplica tanto al mundo animal de los cerdos y sus hermanos como a los seres humanos y al entorno empresarial.
En concreto, me parece interesante el efecto beneficioso que han ejercido los recortes presupuestarios en la comunicación de producto, infestada en los últimos años de ideas carentes de originalidad y gracia alguna. En particular, estoy especialmente satisfecho por la drástica reducción de la avalancha de ridículas acciones que, bajo la snob etiqueta de street marketing, habían invadido los últimos años las calles de nuestras ciudades con el único mérito de ser superlativas (fuera cual fuera la mediocre característica que se exageraba) y entrar así en el Libro Guiness de los Récords, lamentablemente convertido hoy en día en un caricaturesco anacronismo ochentero.
Esta epidemia se popularizó hasta tal punto que no se resistía a ninguna marca, fuera cual fuera su sector, llegando a afectar desde bienes de consumo hasta fundaciones de venerables sociedades científicas cuyo objetivo es el cuidado de la salud de los ciudadanos. Afortunadamente, el tratamiento de la enfermedad llegó bruscamente y por prescripción obligatoria en forma de crisis económica, provocando la necesidad de aguzar el ingenio a base de menos creatividad estéril y más efectividad.
Estoy seguro que muchas de las agencias que en su día se abonaron a este tipo de ideas lo están pagando muy caro actualmente con pérdidas sonadas de clientes y reducciones brutales de facturación. No tengo tan claro que los responsables últimos de tales barbaridades por parte de los clientes; productmanagers, brand managers y directores de marketing, hayan sufrido en sus carnes las consecuencias de su falta de criterio.
Apártense mediocres y perdedores, es tiempo pues para cerdos valientes, confiados en sus capacidades y con espíritu emprendedor.
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