¿Tienes hambre real o hambre emocional? Diferéncialas y descubre sus causas

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Febrero 2021
¿Tienes hambre real o hambre emocional? Diferéncialas y descubre sus causas

En numerosas ocasiones lo que conocemos por hambre, es decir, la necesidad de alimento se hace presente por causa de una emoción la cual pide ser atendida.

Por Belén Rodríguez Lomas. Docente en INESEM Business School. Graduada en Nutrición Humana y Dietética, experta en obesidad y Técnico Superior de Laboratorio de Análisis y Control de Calidad.

Por tanto, lo llamado ‘hambre emocional’ lo podemos definir como la sensación y necesidad abrupta de comer un determinado alimento o grupo de alimentos para tratar de calmar un conflicto emocional.

El problema está en no ser conscientes de ello, ya que en la mayoría de los casos las personas saben identificar esta sensación de necesidad de alimento, confundiéndola con hambre fisiológica, y no son conscientes de lo que hay detrás ni de ese conflicto emocional.

Las emociones podemos definirlas como respuestas psicofisiológicas (del cuerpo y la mente) de las propias vivencias personales o de aquello que sucede en el entorno y que influye a diferentes niveles en las personas.  Todas las emociones son válidas y necesarias, son una fuente de información sobre lo que sucede en nuestro interior o en el exterior, de ahí la importancia de ser atendidas y no silenciadas.

RELACIÓN ENTRE LAS EMOCIONES Y LA ALIMENTACIÓN
Si analizamos, la comida está presente en nuestras vidas en casi todos los momentos, no solo se hace presente para cubrir esa necesidad básica de alimentarnos, sino que también toma diferentes papeles.

Por ejemplo, ya en la infancia cuando el cuidador o cuidadores primarios proporcionan alimento, se establece una relación emocional de cuidado y protección con este. 

También existen otras fuentes de influencia social donde la alimentación cobra un papel emocional, por ejemplo, en las celebraciones o reuniones sociales, siempre en torno a alimentos o bebidas. Incluso podemos encontrar alimentos como “regalo”, para demostrar afecto o cariño, por ejemplo cuando alguien regala una caja de bombones, unos pasteles o invita a otra persona a comer o cenar en un restaurante. 

Premiar o castigar con la comida también establece ciertos vínculos con el alimento, lo cual resulta muy contraproducente ya que indirectamente asociamos un grupo de alimentos como buenos y malos. Esto es un acto que erróneamente se hace con los más pequeños, premiando por ejemplo con su dulce favorito si se comen una verdura que les causa aversión. Aquí se relacionará dicha verdura como el ‘’sacrificio’’ y la recompensa es llegar a ese alimento dulce y apetecible, causando rechazo y aversiones, incluso mala relación con la comida. No es nada recomendable utilizar los alimentos como premio o recompensa, pero esto da para otro post.

Otros aspectos emocionales residen en la composición propia del alimento y cómo influye esta a nivel cerebral. Hay sustancias presentes que activan determinados circuitos neuronales produciendo una sensación de recompensa, placer y bienestar como ocurre con el triptófano y feniletilamina presentes en el chocolate.

Incluso los sabores nos pueden producir aversiones o preferencias. Por ejemplo, si el sabor dulce lo tenemos asociado con ‘’premio’’ porque en su día se ofreció dichos alimentos con esa función, sentiremos una emoción distinta a si sentimos un sabor aversivo porque un alimento esté en mal estado, lo cual provocará rechazo.

Por lo tanto, podemos comprobar que la alimentación emocional está presente en nuestra vida diaria y forma parte de nuestra cultura. El problema viene cuando utilizamos la alimentación para gestionar las emociones o canalizarlas, llevando a un verdadero problema y ocasionando ansiedad por comer. Por ejemplo, tomar un trozo de pastel para celebrar un cumpleaños no tiene efecto negativo alguno, sin embargo, usar ese alimento siempre como modo de gestionar una situación emocional determinada conlleva problemas en la salud física y mental.

En este último caso, el comer emocional actúa como un mecanismo circular en el que la obtención de alivio inmediato mediante el consumo de un alimento es la respuesta que damos a nuestro malestar, respuesta insuficiente que, de nuevo, genera malestar, ya que ha sido silenciado pero no gestionado ni atendido.

¿CÓMO DETECTAR QUÉ TIPO DE HAMBRE APARECE?
Cuando la relación emociones-alimentos se ha vuelto disfuncional, incluso ‘’patológica’’ es momento de reflexionar cómo poner remedio a esta situación.

Parar, detenerse y observar la situación cuando se sienta necesidad por comer, será el primer paso y el gran aliado para detectar a tiempo qué es lo que verdaderamente necesitamos.

Si se siente ansiedad por comer algo determinado, aburrimiento, inquietud o cualquier otra emoción, permitirse sentirla, observarla, no luchar contra ella ni dejar que controle la situación, aceptar esa incomodidad y darse cuenta de lo que pasa. 

Reconocer el verdadero sentimiento y ‘’ponerle nombre’’. Esperar unos minutos antes de recurrir a ese alimento nos dará tiempo para actuar de forma consciente y ser capaces de detectar si realmente lo que se quiere es ‘’callar’’ una emoción, desestresarse o premiarse.

Conocer el hambre real
- Aparece poco a poco, de forma gradual.
- Se activa por una reacción fisiológica del organismo para cubrir necesidades energéticas.
- Se está abierto a diferentes opciones de comida.
- Puede esperar, no es necesario satisfacerla inmediatamente.
- Se deja de comer cuando se está saciado.
- La sensación se experimenta en el estómago.
- Hay un sentimiento de bienestar tras comer.

Conocer el hambre emocional
- Aparece de forma repentina.
- Se activa por un estímulo interno o externo que produce determinada emoción.
- Apetece un determinado alimento concreto.
- Necesidad de satisfacerla inmediatamente.
- Se continúa comiendo sin escuchar sensación de saciedad.
- La sensación se experimenta en otras partes del cuerpo.
- Tras comer puede sentirse malestar.

Hacer ejercicio físico, meditar, practicar la alimentación consciente y hacer una buena gestión de las emociones serán herramientas para no entrar en dicho círculo vicioso.

Es fundamental poder trabajar en la gestión emocional, para comprender las emociones y aprender a canalizarlas de una forma saludable.

“Hay que comer para vivir y no vivir para comer” (Moliére)


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