Telemedicina: realidad y retos en la asistencia al paciente

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Marzo 2021
Telemedicina: realidad y retos en la asistencia al paciente
Por
Marta González, consultora en innovación e Inés Gómez, directora en Anima Strategic Consulting.

La crisis sanitaria provocada por el Covid-19 ha obligado a todo el sistema de salud a cambiar radicalmente su manera de asistir al paciente. La telemedicina ha demostrado ser más necesaria que nunca y nos obliga a reflexionar acerca de dónde estamos hoy y hacia donde necesitamos ir de cara al futuro.

LAS POSIBILIDADES DE LA TELEMEDICINA
Suena la alarma del móvil, son las 7h de la mañana y Raquel se levanta. Lo primero que hace es chequear su nivel de glucosa en el sensor digital que tiene en casa. Raquel tiene diabetes tipo 1 y hoy tiene teleconsulta de seguimiento con su médico. A las 8h se conecta por vídeoconferencia con él y comentan los parámetros que el sistema ha ido registrando. El médico tiene acceso a ellos. La visita es rutinaria y se efectúa de forma ágil. La visita termina pronto y Raquel sale de casa para ir directa a trabajar.

Raquel no existe, pero podría existir en cualquier pueblo o ciudad de España. La prestación de servicios médicos a distancia es ya una realidad para miles de pacientes. Aporta comodidad, evita desplazamientos (además del tiempo, coste y huella carbónica que eso implica) y facilita y agiliza el acceso a la sanidad, mejorando la atención y el control del paciente y permitiendo la anticipación y capacidad de respuesta.

Durante la pandemia del COVID-19, la telemedicina ha evitado aglomeraciones en los centros sanitarios y ha agilizado el acceso al sistema a través de nuevas herramientas o de un simple teléfono. Además, es una herramienta potente para empoderar al paciente y capacitarlo en el manejo de su salud.

Para el sistema, la telemedicina también reduce costes, listas de espera y mejora la calidad asistencial, además de asegurar la integración de los profesionales de todos los niveles asistenciales.

LA REALIDAD DE LA TELEMEDICINA HOY
Sin embargo, a pesar de todas las bondades que puede aportar la telemedicina, la realidad hoy en España dista mucho de ser ideal. La presión de la pandemia ha propiciado que, en muchas ocasiones, la telemedicina se haya implantado de forma abrupta y desordenada, sin que se haya podido diseñar una estrategia de implantación propiamente dicha.

En algunos centros sanitarios, se ha impuesto la teleconsulta en todos los pacientes, independientemente de su perfil o patología, encontrándose con reticencias y dificultades a la hora de comunicarse con ellos telemáticamente.

Además, los centros sanitarios se han encontrado con una importante falta de recursos para llevarla a cabo -como la necesidad de teléfonos, auriculares, micrófonos o cámaras web- y todo tipo de problemas de gestión y conexión debido a la falta de coordinación, información y formación tanto de pacientes como de personal sanitario. Por no hablar de la falta de concienciación que existe todavía entre muchos pacientes, que no conciben una llamada telefónica con el profesional como una consulta médica.

LOS RETOS DE LA TELEMEDICINA
Es por eso que ahora es mandatorio parar y reflexionar para poder dar un paso más allá y ofrecer una experiencia de calidad mediante la telemedicina. Para ello, será clave analizar qué está funcionando bien y qué debe mejorarse con el objetivo de comprender las necesidades que existen hoy y seguir avanzando en la buena dirección:

1. Entender cuándo la telemedicina es adecuada y cuando no lo es. Para ello, se requiere conocer bien al paciente y preguntarle qué necesita. ¿En qué visitas es adecuada la telemedicina y en cuáles no? ¿Qué patologías pueden seguirse a distancia y cuáles necesitan del calor humano? ¿Puede el paciente oncológico discutir su próximo tratamiento con el médico a través de una pantalla? ¿Quiere una embarazada hacer las clases preparto mediante Zoom?

2. Habilitar los recursos clave que permiten llevar a cabo la telemedicina, que van desde la tecnología (sistema informático, ordenadores, cámaras, micrófonos), hasta los espacios adecuados para su práctica (salas tranquilas que permitan la confidencialidad) o el personal necesario para hacer el seguimiento adecuado de los pacientes a distancia. Este esfuerzo económico se ha empezado a llevar a cabo, aunque todavía queda camino por recorrer.

3. Diseñar la nueva experiencia de teleconsulta, dado que no puede abordarse de la misma manera que una consulta presencial. El paciente necesita que el profesional sea capaz de suplir la falta de proximidad con la actitud y trato adecuados, así como herramientas que permitan compartir información de forma fácil, como si estuvieran los dos en un mismo despacho.

4. Potenciar la capacitación y formación de los principales actores implicados, principalmente médicos y pacientes. Y más allá del aprendizaje práctico, será importante la gestión de la resistencia al cambio, todavía muy presente en el paciente principalmente, pero también entre el personal sanitario. 

5. Asegurar la regulación y protocolización del uso de la telemedicina para proteger la confidencialidad de los pacientes y el intercambio de datos. En ese sentido, será importante también la formación a profesionales y pacientes en derechos y responsabilidades para preservar la seguridad de los datos.

6. Conseguir la difusión de la telemedicina a la ciudadanía para que se conozca su existencia, se normalice su uso y se incentive mediante campañas institucionales que aboguen por las ventajas para el paciente y el cuidado de su salud.

Como conclusión, la telemedicina está en una fase bastante incipiente en España a día de hoy. Así lo califican los resultados del “Estudio de Madurez Digital” de Fenin, que afirman que la madurez en los servicios de salud es baja y la implantación sólo alcanza el 31,7 % de los aspectos analizados en 4 ámbitos clave: infraestructura IT, disponibilidad de herramientas, empoderamiento del paciente y análisis de datos.

Para cambiar estos resultados, será necesaria una estrategia global en telemedicina que oriente en la correcta implantación a todos los actores implicados en el sistema de sanidad y que permita seguir avanzando en la buena dirección.


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