La salud y el aire que respiramos

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Mayo 2021
La salud y el aire que respiramos
Por
José Campos. Consultor. ‘The Warrior Consumer Healthcare Advisory’.

Cuando pensamos en la prevención de nuestra salud, imaginamos algún tipo de medicamento, algún complemento alimenticio o alguna crema para la hidratación de la piel o bien un champú, por citar algunos productos. Dando un paso más, también podemos pensar en una dieta saludable, hidratarnos, hacer ejercicio, meditación o mindfulness y hasta regalarnos un fin de semana en un balneario. En definitiva, queremos cuidarnos y gozar de una buena salud que nos permita disfrutar de la vida junto a los nuestros durante el máximo de años posibles. Sin embargo, a menudo olvidamos que respirar aire puro es también de vital importancia.

En general no valoramos la forma en que respiramos, ya que lo hacemos de forma inconsciente. A pesar de ello, el aire es imprescindible para vivir y para realizar nuestras funciones vitales. Un aire de mala calidad puede provocarnos una enfermedad o nos puede llevar a fallecer de forma prematura.

Para considerar el aire que respiramos como limpio, debe estar compuesto aproximadamente por un 78% de nitrógeno, un 21% de oxígeno y el 1% restante por otros gases como el argón o el helio. El oxígeno llega a nuestros pulmones, desplazándose a todas las células de nuestro cuerpo gracias a los glóbulos rojos de la sangre. El oxígeno se transforma en dióxido de carbono que, a través de los pulmones se exhalan al exterior.

Hablemos un poco de contaminación. En general, la contaminación está provocada principalmente por la agricultura, la industria, los generadores de energía y el tráfico de vehículos (no únicamente terrestres). La mala calidad del aire la expresamos como contaminación o polución. En 2019 la Organización Mundial de la Salud incluyó la contaminación del aire como una de las diez principales amenazas para la salud mundial. Se conoce que el 90% de la población mundial respira aire contaminado todos los días y que la polución en Europa aún causa más de 400 mil muertes prematuras al año.

En las zonas urbanas, con alta concentración de edificios, la problemática de la salud es altamente preocupante, causando enfermedades como el asma o incluso trastornos cardiovasculares. Afecta especialmente a los colectivos más vulnerables, como niños y ancianos.

En la Unión Europea, la causa más frecuente de muerte prematura es la mala calidad del aire, con un impacto superior incluso al de los accidentes de tráfico. En España se estima que se producen casi 40.000 muertes al año de forma prematura debido a la contaminación y a la mala calidad del aire. Y no solo hay contaminación en las calles y espacios abiertos. También la hay en espacios cerrados, donde la calidad del aire dista mucho de ser limpio. Los adultos pasamos mucho tiempo en espacios cerrados, (hogar, lugar de trabajo, tiendas comerciales, cines…), pero también dichos espacios cerrados afectan a los niños (escuelas y guarderías) y a los ancianos en residencias o en su propio domicilio.

Muchos profesionales de los que trabajamos en el sector salud, destinamos gran parte de nuestro tiempo a trabajar en un espacio cerrado (oficinas, despachos…) o bien realizamos alguna actividad deportiva en un  centro cerrado. En la actualidad, con el incremento del teletrabajo, también pasamos mucho tiempo en el hogar, que no deja de ser otro espacio cerrado. En los espacios cerrados podemos encontrar ácaros, bacterias o virus (como el SARS-CoV-2, causa de la enfermedad del Covid-19), así como alérgenos, polen, mohos, partículas minerales nocivas y compuestos volátiles orgánicos. Además de malos olores provocados por humedades, la cocina, el tabaco o incluso las mascotas. Según la OMS, el aire es de cinco a diez veces peor en interiores. Por tanto, no somos ajenos a esta problemática, todo lo contrario.

A través de los avances legislativos y sociales, las administraciones gubernamentales intentan reducir de forma progresiva la contaminación provocada por el hombre. También la cultura y la responsabilidad social corporativa en la empresas está evolucionando en esta dirección. Además, se promueven desde distintas fuentes hábitos saludables en el día a día, ya sea en nuestro hogar o en el puesto de trabajo.

En nuestro entorno cercano podemos contribuir a ello como individuos y profesionales de la salud. Podemos hacer mucho más de lo podamos pensar inicialmente. Algunos ejemplos:

- Ventilar bien los espacios interiores (hogar y oficinas) permitiendo la renovación del aire, especialmente en lugares donde se concentren más personas y con independencia de que sea invierno o verano.

- Mantener una buena ventilación especialmente en los dormitorios, donde debemos evitar la presencia de plantas (que consumen oxígeno y expulsan anhídrido carbónico).

- Evitar el uso de aerosoles, ya que las partículas permanecen en el aire y el aire se convierte en tóxico.

- Revisar bien las fichas técnicas de los electrodomésticos que vamos a comprar y pedir asesoramiento al vendedor sobre aquellos que contaminan menos. Cuando sea posible, lavar con agua fría en lugar de agua caliente.

- Usar de forma razonable el aire acondicionado y la calefacción, evitando temperaturas demasiado frías o calurosas. Cambiar las lámparas tradicionales por lámparas LED, reduciendo la emisión de dióxido de carbono y también… el importe de tu factura.

- Utilizar un purificador de aire en los entornos en que pasamos más tiempo, como el hogar o el lugar de trabajo. Los hay de distintos tipos y precios pero los que utilizan la tecnología OH (Radical Hidroxilo) son los más eficaces en purificación y desinfección para espacios de unos 50 metros cuadrados.

Además de estos ejemplos también una serie de medidas que podemos llevar a cabo en nuestro hogar y lugar de trabajo, en unas situaciones que en parte han sido provocadas o bien han ganado relevancia debido a la actual pandemia del Covd-19.

- Practicar ejercicio o deporte al menos durante 30 minutos al día, pero siempre que sea posible en un entorno de aire limpio (grandes parques, zonas boscosas o montaña…).

- Cambiar los hábitos en los desplazamientos. Utiliza menos el vehículo privado   -  si es posible - y usa más el transporte público o la bicicleta por ejemplo. En los tiempos de la pandemia actual quizá el transporte público no muestre mucha seguridad; en este caso quizá andar un poco sea una solución, al menos parcialmente.

- Utilizar mascarilla para salir a la calle cuando se dan altos niveles de contaminación o si se padece algún proceso alérgico o trastorno respiratorio. La pandemia del Covid-19 ha hecho ahora imprescindible el uso de la mascarilla, especialmente donde no se puede mantener un prudente distanciamiento social.

- Si somos propietarios o responsables de un local, establecimiento o consulta, tener en mente que el aire puro no sólo previene nuestra salud sino también la de nuestros clientes y colaboradores.  Consultas médicas y veterinarias, farmacias, centros de fisioterapia, residencias, salas de espera y salas de reuniones, despachos profesionales, guarderías, escuelas, peluquerías y centros de belleza, tiendas de alimentación…Hay una larga lista de entornos de trabajo o de visita donde también se pueden llevar a cabo muchas de las prácticas mencionadas y en los que la tecnología puede ser también un instrumento de gran ayuda para garantizar una aire limpio, fresco y libre de contaminantes.

La tecnología pone hoy a nuestra disposición muchos tipos de purificadores.

En primer lugar encontramos una serie de  meros dispositivos de filtración, que en ocasiones solo renuevan el aire que circula cerca del dispositivo. Los hay de distintas calidades, que combinan o constan de  (i) un ventilador con filtro (ii) un filtro HEPA (iii) un pre-filtro, (iv) un filtro de carbón activado y/o (v) un filtro electrostático. En función de si incluyen uno o varios de los elementos mencionados, la calidad del dispositivo es mucho mejor y en cualquier caso, la inclusión de un filtro HEPA (High Efficiency Particulate Air) asegura la eliminación del 99,97% de las partículas de hasta 0,3 micras que se filtran.

En segundo lugar tenemos los llamados ionizadores, que en principio purifican el aire produciendo iones cargados negativamente (aniones) que atraen partículas contaminantes cargadas positivamente, produciéndose una agregación de contaminantes en el polvo y superficies del hogar o la oficina. Por tanto, los contaminantes no se eliminan, si no que se acumulan en distintos rincones o superficies del entorno o incluso en el tracto respiratorio. Además, los ionizadores pueden generar ozono dañino, irritando a las vías respiratorias y pudiendo provocar ataques de asma, entre otros problemas.

Podemos encontrar también generadores de ozono, que como se ha comentado anteriormente es causa de varias problemáticas a las que podríamos añadir el daño al sentido del olfato. El ozono en altas concentraciones puede llegar a ser mortal, aunque es cierto que se puede utilizar de forma segura si no hay presencia de personas en el momento de la aplicación y durante un tiempo posterior prudencial.

En cuarto lugar tenemos los purificadores con rayos UV (luz ultravioleta). Estos purificadores se utilizan mucho para desinfección de equipos, pero no son recomendables en espacios cerrados de convivencia o trabajo. Los purificadores UV digamos, domésticos, no aseguran que las bacterias no se reactiven más tarde, no afectan a sustancias químicas o alérgenos y pueden producir ozono, cuyos riesgos ya se han remarcado. Aunque los rayos UV se emitan solo dentro del dispositivo, una breve exposición puede perjudicar a la piel y a los ojos.

Y por último tenemos el purificador y desinfectante de aire y superficies que utiliza la tecnología patentada del OH (Radical Hidroxilo).

El OH es una sustancia purificadora generada de forma natural por la luz solar, el ozono y la humedad del aire. El OH, envuelve las células de las bacterias y virus (incluidos los de morfología similar al SARS-CoV-2, causante de la Covid-19) y los convierte en agua. En algunos sistemas , los virus quedan retenidos en el filtro. El OH realiza una desinfección activa generando un espacio de protección en entornos entre 50 y 70 m2. Por ello en ocasiones se le denomina “vacuna ambiental”.

Un claro ejemplo: cuando en un espacio cerrado con un dispositivo de filtración una persona estornuda, el estornudo se pasea por la habitación y no es tratado hasta que entra en el equipo. Con OH, el estornudo queda neutralizado de forma prácticamente inmediata (en “picosegundos”).

Por tanto actualmente tenemos a nuestra disposición diversas opciones para la purificación del aire, desde los más sencillas y económicas a las más modernas y eficaces. Son sin duda valiosas herramientas para proveernos de un aire de mejor calidad en los entornos profesionales, públicos y familiares, protegiendo especialmente sistemas inmunes débiles como ancianos, bebés y personas enfermas.