Necesitamos tiempo, silencio y reflexión

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Emilio González Quirós. Consultor. Senderos de Silencio.

Necesitamos tiempo, silencio y reflexión

10/1/2022
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Había una vez un leñador que había conseguido cortar muchos árboles en su primer día de trabajo y estaba muy contento. Sin embargo, descubrió sorprendido como en los siguientes días su rendimiento descendía y cortaba menos árboles. Estaba preocupado por la posibilidad de ser despedido y por ello fue a ver a su capataz y le contó lo que le sucedía. El capataz preguntó al leñador cuando había sido la última vez que había afilado su hacha. Y éste contestó: ¿Afilar? No he tenido tiempo…. He estado demasiado ocupado cortando árboles.

Tengo para mí que en ese cuento puede estar perfectamente resumida la común historia de muchos profesionales lectores de esta Revista. Vivimos cortando permanentemente árboles hasta que nos damos cuenta de que estamos agotados y nuestro hacha ya no corta como antes.

¿Qué es lo que nos encontramos con mucha frecuencia en profesionalmente en el mundo de hoy?

• Prisas (donde todo es para ayer) y pedimos tiempo para aprender a manejar ese tiempo. Nos cuesta prestar atención más allá de un cierto tiempo. Estamos dejando que todo se vuelva inmediato. Vivimos en un mundo que parece demandarnos de modo permanente acción sin casi tiempo para la reflexión, un mundo en el que la realidad aparenta ir más rápida que los propios pensamientos. Todo ello nos exige un esfuerzo adicional de atención, dedicación y como no podía ser de otra manera, de colaboración.

• Nuestro mundo profesional es excesivamente ruidoso y, además, vivimos llenos de ruido interno.

• Progresiva despersonalización. Tácito decía que “el hombre que reflexiona sobre su propia existencia está a punto de iniciar el camino que lo conducirá al encuentro consigo mismo”. Si nos parasemos a pensar acerca de cuándo fue la última vez que nos dimos un tiempo para mirar en nuestro interior o hacer un cierto “examen de conciencia” respecto a lo que hacemos y cómo lo hacemos, es más que probable que en muchos casos respondamos del mismo modo que el leñador afirmando que hemos estado demasiado ocupados cortando árboles.

• Vivimos en organizaciones cada vez más complejas, conectadas y exigentes. Comiencen ustedes a escribir términos como digitalización, sostenibilidad, compliance, etc. A veces, esa realidad puede que nos haga dudar incluso de nuestra capacidad para seguir siendo actores y sujetos del mundo profesional en el que nos movemos. Un mundo, en cierto modo, desbocado.
• Un mundo que parece demandarnos de modo permanente acción sin casi tiempo para la reflexión, un mundo en el que la realidad aparenta ir más rápida que los propios pensamientos. Todo ello nos exige un esfuerzo adicional de atención, dedicación y como no podía ser de otra manera, de colaboración.

Es decir, el activo más importante de cualquier organización puede estar cortando árboles de modo constante y percibir que sus resultados y su propia realidad no están siendo la que debiera ser. Y eso no es malo solo para quien lo está viviendo en primera persona, dado que puede afectar a su propio autoliderazgo, sentido de la responsabilidad hacia su propio trabajo y a la manera en que esté viviendo los principios y valores que parecen sustentarle; también tiene consecuencias serias para aquellos que le rodean en términos de colaboración, gestión del cambio y liderazgo.

Por todo ello, ¿qué necesitamos?:

• Necesitamos otorgarnos tiempo sin prisas. Tiempo para recuperar nuestro propio equilibrio interior y para convertirnos en nuestra mejor versión. Hemos de buscar un equilibrio activo y fecundo que facilite un encuentro con los demás porque conviene recordar ese viejo dicho africano que nos enseña que “una persona es una persona a través de otras personas”

• Necesitamos apagar el ruido exterior y el interior. El silencio,

 facilita otra forma de percibir y relacionarse con la realidad.

 ayuda a dar serenidad y paz interior a la persona incluso en la adversidad.

 incrementa la habilidad de enfrentarse a situaciones diversas.

 ayuda a otorgar mayor atención a nosotros mismos.

 permite visualizar muchas veces lo que con los ojos no vemos.

 ayuda a tener otra mirada hacia los demás y hacia nosotros mismos.

Cuando somos capaces de escuchar el silencio con otros no nos aislamos, sino que formamos una comunidad con ellos al abrirse nuevas posibilidades y comenzamos a ser capaces de visualizar la colaboración de otra forma.

• Necesitamos reflexionar de forma serena acerca de lo que hacemos y como lo estamos haciendo. Reflexionar es detenerse y contemplar. Reflexionar es decidir la acción porque como nos recuerda el poeta solo “se hace camino al nadar”. Reflexionar para tomar, de nuevo, las riendas de la propia vida. Reflexionar es “salir” porque aquello en lo que mejoremos hay que dárselo al mundo, a aquellos que están a nuestro alrededor. No vivimos solos sino en una constante relación. Hay un dicho hebreo que dice ¿Quién es honrado?, el que honra a los demás. Ser mejores ha de ser un imperativo de cada ser humano por sentido de servicio hacia el mundo que nos rodea.

Quisiera terminar esta líneas con una cita de Marianne Williamson:

Nuestro temor más profundo no es que no estemos a la altura. Nuestro temor más profundo es que nuestro poder es inconmensurable. Nuestra luz, nuestra oscuridad, es lo que más nos amedrenta. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para tener inteligencia yy belleza, para ser alguien fabuloso y con talento? Pero, en realidad ¿quiénes somos para no será así? Somos hijos de Dios. Hacernos los insignificantes no le sirve al mundo. No hay nada inteligente en rebajarnos para que los demás no se sientan inseguros en nuestra compañía. Todos estamos hechos para brillar, como hacen los niños. Hemos nacido para manifestar la gloria de Dios que está en nuestro interior. No está solo en algunos de nosotros; está en todos. Y cuanso dejamos que brille nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a los demás para que hagan lo mismo. Cuando nos liberamos de nuestro propio temor; nuestra presencia libera automáticamente a los demás.

¿Y tu hacha? ¿está afilada?

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