Cinco preguntas

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Diciembre 2019
Cinco preguntas
Por
Emilio González Quirós. Consultor.

Vivimos tiempos en los que quizás haya pasado de moda esa mutua lealtad que nuestros padres y algunos otros, ya mayores, conocieron en su relación con las empresas para las que trabajaban. Ya casi no existe la “persona de la organización”. Hoy hemos de cuidar de nosotros mismos y hemos de ser nosotros los que nos construyamos día a día en un camino que nos lleve a tomar las riendas de nuestra propia vida. No puedo aportar soluciones ni claves para el éxito.


Con modestia me atrevo a sugerir una serie de preguntas que debiéramos de hacernos (seguramente de modo continuado a lo largo de nuestra vida) sobre las que reflexionar y a las que cada uno contestará de modo diferente. De lo que si estoy convencido es que esas preguntas nos pueden ayudar a construir un sólido perfil profesional en este siglo XXI, pese a todas las amenazas del entorno que no son pocas.

En los años 30 Ortega y Gasset dejó escrito “no sabemos lo que nos pasa. Y eso es lo que nos pasa: no saber lo que nos pasa.” Y aunque esa afirmación suya no hacía referencia al mundo laboral/profesional me permito traerla a colación porque me parece que es perfectamente aplicable a nuestra realidad profesional de hoy en pleno siglo XXI.

Más de sesenta años después Anthony Giddens escribiría un libro titulado “Un mundo desbocado”. Afirmaba que “nunca seremos capaces de ser los amos de nuestra historia, pero debemos y podemos encontrar maneras de controlar las riendas de nuestro mundo desbocado”.

Ciertamente, contemplamos el mundo que nos rodea y en el que vivimos, con una mezcla de escepticismo, miedo, incertidumbre, duda, desconfianza, etc. Y nuestra vida profesional no es ajena, ni mucho menos, a todo eso. En definitiva, no sabemos lo que nos pasa y eso es lo que nos pasa.

Por otro lado, no parece que hayamos llegado al estado en el que podamos ser capaces de controlar las riendas de nuestro mundo desbocado. Quizás esto último sea algo muy difícil de lograr.

Vivimos, por tanto, con bastante desconcierto y desorientación.

Y en medio de este mundo tan complicado y difícil, ¿podemos hacer alguna cosa? A mi juicio creo que sí. Y creo que lo mejor que podemos hacer es preguntarnos, interpelarnos de modo profundo y serio. 

Además, propongo por tanto, centrarnos más en nosotros (no desde una mirada egocéntrica) y menos en el mundo, desde la convicción de que solo cuando somos capaces, en cierto modo, de controlar las riendas de nuestra vida podremos estar en condiciones de ayudar a controlar las riendas del mundo.

Vamos con ello.

Todas las personas somos y hacemos; y aquello que hacemos suele ser, en condiciones normales, una consecuencia de quienes somos y me gusta pensar que aún podemos ser capaces de seguir haciendo aquello que somos.

Primer grupo de preguntas. ¿Qué sabemos de nosotros?, ¿quiénes somos?, ¿quiénes podemos ser?

Y aquí hemos de tener cuidado. Está muy de moda el afirmar que uno debe cumplir sus sueños, pero me temo que eso no siempre es posible. Hemos de construirnos en la medida en la que podemos aunar motivación, capacidades, conocimientos y deberes. Y si cuando nos preguntamos acerca de quiénes somos descubrimos que estamos lejos de quien podemos ser, tenemos trabajo por delante. Hemos de preguntarnos acerca de nuestra capacidad para liderar y gestionar nuestra propia vida, acerca de nuestra automotivación y nuestro propio desarrollo. Hemos de preguntarnos acerca de nuestro liderazgo interior, un liderazgo que es necesario para cualquier persona: la capacidad de gestionarse a sí mismo, que es esencial e imprescindible si la vida nos pone en la tesitura de tener que dirigir o liderar a otros.

En definitiva, hemos de preguntarnos que habremos de hacer para convertirnos en nuestra mejor versión. Ese ha de ser nuestro gran reto, y no importará el tipo de trabajo que hagamos. En cada momento de nuestra vida deberemos hacernos estas preguntas porque siempre deberemos honrarnos a nosotros mismos haciendo las cosas bien y con un enorme sentido de la responsabilidad por el trabajo bien hecho.

Desde lo que somos, ¿qué hacemos?

Segundo grupo de preguntas. ¿Qué se espera de mí?  Leí en una ocasión que Peter Drucker afirmaba que de todos y cada uno de nosotros lo que se esperaba era “contribución y resultados”, ahí es nada.

Decía el personaje de Gandalf en el libro El Señor de los Anillos “todo lo que podemos decidir es que hacer con el tiempo que nos dieron”. Me parece una hermosa forma de afirmar la gran responsabilidad que tenemos ya no con nosotros mismos, sino para con los demás porque nuestra contribución y nuestros resultados van a repercutir de forma directa o indirecta sobre los demás. Y en esa línea hemos de preguntarnos acerca de cuáles han de ser, dónde han de ser y con quién han de ser. Y los resultados es algo de lo que pocas veces hablamos. Es curioso que cuando preguntamos a cualquiera sobre su trabajo su respuesta siempre se focaliza en lo que hace, pero casi nunca en lo que consigue, y es en lo que consigue donde suele estar la clave de todo: los resultados y la contribución. Y los resultados, además, hablan de nuestra eficacia.

Y si te preguntas acerca de lo que se espera de ti no debes olvidar algo muy esencial y es que tan importante como ganarse la vida es vivir una vida con sentido. Si no se da esto, nuestra contribución y nuestros resultados dejarán bastante que desear.

No olvides el viejo dicho castellano de “obras son amores y no buenas razones”.

Tercer grupo de preguntas. ¿Vivimos con el pie levantado?, ¿estamos abiertos al cambio?, ¿nos resistimos al cambio?, ¿le ponemos pegas de modo permanente?

Según Chris Lowney en su libro “El liderazgo al estilo de los jesuitas” San Ignacio de Loyola cuando fundó la orden de los jesuitas generó también un modo de entender la vida y el mundo. Lo denominó “vivir con el pie levantado" y esa manera de entender la vida y el mundo ha moldeado el modo de ser de los jesuitas a lo largo de su historia. C.S. Lewis decía en su libro “Cartas del diablo a su sobrino” que vivir en el tiempo equivale a cambiar. Estar preparado y dispuesto al cambio, en realidad, forma parte de nuestro ser. Los seres humanos no somos una foto fija, somos fruto de nuestro pasado, de nuestro presente y de lo que será nuestro futuro.  Hemos de aprender que no habrá cambio sin dolor. ¿Somos conscientes de que lo habitual será vivir con miedo al cambio pero que ese miedo habremos de superarlo? ¿Estamos dispuestos a desaprender? ¿Estamos dispuestos a ponernos en camino para mejorar, asumiendo la incertidumbre que siempre habrá en todo cambio?

Hemos de plantearnos si ante cualquier proceso de cambio solo somos capaces de ver las amenazas y no las oportunidades, si seremos capaces de ser agentes de cambio de modo que no solo nosotros sino quienes nos rodean en el entorno profesional evolucionen. Porqué si no somos capaces de aceptar el cambio, hemos de preguntarnos cómo seremos capaces de innovar. Saber vivir con el pie levantado puede ayudarnos a ser mejores y hacer mejores a los demás. Esa debiera ser nuestra verdadera vocación y misión, en todos los ámbitos de nuestra vida.

Cuarto grupo de preguntas. ¿Lo que hago marca una diferencia?, ¿en mi trabajo hago todo lo posible para que suponga una mejora? Estas preguntas nos sitúan ante algo muy necesario en nuestro mundo y en nuestras organizaciones: la innovación. Pero, considerando el contexto de este artículo, deberíamos reflexionar sobre la importancia de que cada uno de nosotros viva con una mentalidad abierta a la innovación. O, por el contrario, con nuestra actitud y con nuestro tono vital ¿nos hemos convertido en un lastre para la misma?

Hemos de preguntarnos respecto a cómo afrontamos nuestra realidad diaria, nuestro trabajo, ¿nos permitimos pensar de modo diferente?, ¿nos permitimos ir, a veces, en sentido contrario al que va la mayoría?, ¿de qué manera y con qué enfoque afrontamos la vida?

Hemos de preguntarnos si estamos dispuestos a aprender algo nuevo o hemos caído en una cierta soberbia intelectual que nos hace pensar que ya lo sabemos casi todo o que todo está inventado.

¿Sentimos curiosidad por las cosas, estamos abiertos y receptivos a lo que ocurre a nuestro alrededor?, ¿compartimos y aprendemos de y con otros?, ¿nos arriesgamos a cometer errores? Si no estamos dispuestos a aprender y cambiar ¿Cómo marcaremos una diferencia?

Dice María Martinón, paleoantropóloga del University College de Londres, que “hemos pasado de ser la especie mejor adaptada al mundo a ser la que adapta el mundo a si misma. No bastaba con cazar y pescar, hubo que modificar el mundo”

Y nosotros, ¿estamos dispuestos a modificar nuestro mundo? ¿nos preguntamos a nosotros mismos ¿Y si? ¿por qué no?, ¿trabajamos por la innovación constante y no por la perfección de un momento?

En la película Figuras Ocultas (que nos cuenta magistralmente el papel ocultado durante años, de unas mujeres de color que como profesionales del cálculo y las matemáticas ayudaron de forma muy notable en la carrera espacial de Estados Unidos) uno de los personajes plantea la necesidad de mirar “más allá y no porque sea fácil sino porque es difícil”. Y mientras la película se centra en llevar a un hombre al espacio y volver a traerlo a la tierra, ese mismo personaje está ya pensando en viajar a la luna. Plantea la necesidad de contestar a preguntas que aún no han sido formuladas.

Quinto grupo de preguntas. ¿Cuál es la calidad de mis relaciones en mi entorno profesional? Imagino que la gran mayoría, de los amables lectores de estas líneas, habrá asistido a varios e interesantes programas formativos relativos al trabajo en equipo, algunos más teóricos y otros más prácticos e incluso espectaculares desarrollando actividades que n elevado nuestra adrenalina, o que nos han permitido jugar con nuestras manos recordando tiempos de la infancia.

Pero a la hora de abordar la calidad de nuestras relaciones en el entorno profesional deberíamos preguntarnos acerca de la manera en la que nos relacionamos y trabajamos.  A veces seguimos actuando como chiquillos en términos del “no te ajunto” de cuando yo era pequeño, sin darnos cuenta de que nuestro trabajo no solo sirve para recibir una contraprestación a cambio, sino que la calidad de este afectará a otras personas (clientes internos y externos) y eso implica una responsabilidad, que hemos de asumir. Nadie nos pide que seamos amigos, pero sí que seamos capaces de generar en el entorno profesional la suficiente confianza para saber que el trabajo de todos está en buenas manos y generará sus frutos. Se trata de responsabilidad.

Hemos de preguntarnos de qué manera nos planteamos las relaciones en nuestro entorno profesional. En términos de gano/pierdes, gano/ganas, pierdo/ganas o pierdo/pierdes. Son fórmulas ya antiguas y seguramente conocidas por todos, pero no por eso dejan de estar vigentes. Entonces, ¿cómo me estoy comportando?, ¿de qué manera estoy actuando? Está aquí aflorando, en mi relación con los demás, mi mejor versión, o está aflorando la peor. La pregunta que hemos de hacernos también es si queremos mejorar solo nosotros o que, a través de nuestra mejora, los demás también se beneficien y crezcan.

Peter Drucker recordaba en una ocasión que los buenos modales y la buena educación eran el aceite que engrasaba la relación en un entorno profesional. ¿Quizás debiéramos comenzar por algo tan sencillo? ¿qué más hemos de hacer para mejorar esa calidad?

No vivimos aislados en nuestro entorno profesional. Hemos de plantearnos que desde nuestra especial individualidad colaboramos y aportamos en la creación, en la contribución y en los resultados de una realidad organizativa de la que formamos parte.  En la manera en que dirijamos las riendas de nuestras vidas seremos capaces de cooperar y colaborar, tener nuestra mentalidad abierta a innovar y a vivir con nuestro pie levantado.

Son preguntas que he estructurado por grupos, pero tengo la certeza de que cuando comenzamos a trabajar con ellas percibimos que todas están relacionadas y vinculadas a una realidad muy importante: nosotros mismos. Y deberemos seguir a lo largo de nuestra vida explorando con las mismas nuestra realidad siempre con la vista puesta en ser nuestra mejor versión.

Me permito finalizar estas líneas acudiendo al poeta inglés Thomas S. Elliot,

“No cesaremos de explorar/ Y el final de toda nuestra exploración/ Será llegar a donde comenzamos/ Y conocer el lugar por primera vez”

Gracias.